La lealtad animal, la bondad animal, está a unos escalones por encima de la humana, en otro nivel de conciencia. Los perros son capaces de escuchar sin juzgar, de hablar sin lenguaje y de ver lo mejor que hay entro de nosotros mismos.

La forma más bonita de quererse es tener un compañero/a canino. No hay estereotipo, no hay prejuicio, no hay ideas preconcebidas, no hay rencor, no hay pasado, es un “aquí y ahora” donde lo único que importa es hoy. Valorar el presente es otra de las enseñanzas de los animales. Saber vivir sin estar condicionado, sin arrastrar mochilas emocionales que no sabíamos donde colocar, lo que el humano intenta apalear con fármacos el animal lo hace desde el alma, de dentro para fuera.

La clave de la lealtad, la honestidad y el respeto a los otros estaría en saber perdonar, en no aferrarse al pasado, en no guardar rencores… y los mejores maestros de estas herramientas emocionales, a mi juicio, son los animales. Seres capaces de integrar la inteligencia emocional desde su nacimiento con una simple estrategia de estímulo-respuesta. La tristeza, la rabia, la ira, el miedo, se superan olvidándote de que han existido para no repetir los mismos patrones que generalizan esta opinión. Y como grandes expertos, los perros, superan sus conflictos emocionales empezando de cero cada día.